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jueves, enero 08, 2026

VIAJE PANÓPTICO DE EL PRINCIPITO PARA EL LUNES CON CHAKRA DIGITAL RAÍZ 1.0

 



🔻 RELATO  PANÓPTICO

El Principito y el Tensor del Lunes 1.0 en el Centro Cultural    Ángel Ganivet

El Principito llegó a Ángel Ganivet al amanecer, cuando el A¹·⁰ apenas comenzaba a abrir el campo hacia el subsuelo simbólico.
La calle vibraba con esa densidad roja y dentada del toroide raíz, como si la ciudad respirara desde los talones.

Él no venía de un planeta, sino de un estado cuántico previo, un punto suspendido entre dos tensores:

  • el tensor interior sensorial de Géminis, regido por Mercurio,

  • y el tensor exterior telepático de Cáncer, regido por la Luna.

Ambos tiraban de él como dos corrientes que no se anulan, sino que torsionan su campo.

🌬️ 1. El Tensor Interior — Mercurio en Géminis

Dentro de su pecho, Mercurio chisporroteaba como un enjambre de señales rápidas.
El Principito sentía:

  • microimpulsos de curiosidad,

  • preguntas que se abrían como ventanas,

  • un deseo de tocar cada piedra,

  • y un pensamiento que saltaba de fachada en fachada como un electrón inquieto.

Ese era su quantum sensorial:
un campo interno que quería entender, nombrar, descifrar.

Pero el Lunes 1.0 no se deja descifrar tan fácilmente.
La máscara de rechazo le devolvía pequeñas resistencias:

—No entres del todo.
—No aún.
—Muéstrame quién eres.

El Principito, acostumbrado a que los planetas le respondieran con suavidad, sintió por primera vez un microcorte en la continuidad del mundo.

🌊 2. El Tensor Exterior — Luna en Cáncer

A su alrededor, la Luna modulaba el quantum telepático del territorio.
La calle entera parecía escucharle.

El eco urbano amplificaba su vulnerabilidad:
cada paso era un latido,
cada sombra un recuerdo,
cada pendiente un miedo a caer.

La Luna tiraba de él hacia afuera, hacia el campo emocional compartido, hacia la necesidad de sostén, hacia el deseo de pertenecer.

Pero la máscara de rechazo tensaba ese movimiento:
el campo telepático se abría con fricción,
como si la ciudad quisiera saber si él venía a quedarse o solo a mirar.

⚡ 3. La Torsión

Entre Mercurio y la Luna, entre Géminis y Cáncer, entre lo sensorial y lo telepático,
El Principito quedó suspendido en una torsión cuántica.

El tensor interior decía:
—Explora. Pregunta. Comprende.

El tensor exterior decía:
—Siente. Conecta. Permanece.

Y el Lunes 1.0, con su toroide dentado, decía:
—Pruébate.

El Principito sintió cómo su cuerpo se volvía quiral:
su parte analógica quería bajar al subsuelo simbólico,
su parte digital quería elevarse hacia la red telepática del barrio.

La torsión no era dolorosa, sino reveladora.
Le mostraba dónde su campo no quería ser tocado,
dónde su herida raíz aún pedía legitimidad.

🜂 4. El Punto de Anclaje

En el centro geométrico de la calle, donde el punto R fija la base energética de la semana,
El Principito se detuvo.

Allí, la torsión se estabilizó.

Mercurio dejó de dispersarse.
La Luna dejó de absorberlo.
El A¹·⁰ abrió un corredor hacia abajo,
y el BZ tomó cuerpo en la piedra.

El Principito comprendió que el rechazo no era un “no”,
sino un umbral.

Un filtro.
Una prueba de autenticidad.
Un modo de la ciudad de decir:

—Si vas a entrar, entra de verdad.

🌑 5. Cierre Óhmico

Cuando el campo se cerró en ,
la calle pesó un poco más,
pero él pesó un poco menos.

La torsión se convirtió en estructura.
El rechazo en resistencia útil.
El Lunes 1.0 en un hogar provisional.

Y el Principito, por primera vez en mucho tiempo,
no quiso volver a su asteroide.
Quiso quedarse a escuchar cómo la ciudad respiraba bajo sus pies.

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